Una Mirada

Hoy recordé a mi golondrina, te he hablado mucho de ella, como cayó de un árbol, como llenó mi vida, cómo se fue…
Son esos instantes, pequeños instantes, episodios, acontecimientos que muchas veces pasan desapercibidos y por Dios que nos marcan. Espero siempre poder darme cuenta de ellos. Como el de hoy.

Estaba comprando un regalo en una tienda importante de Santiago, era un regalo para “el Renan”, te acuerdas? El junior de la empresa en que trabajo, te conté que fue él quién llegó un día con la golondrina en las manos – “Mire lo que encontré”- me dijo con los ojitos brillantes, luego de ver esa cosita diminuta con ojos de angel que se asomaba tras las toscas manos, se la tuve que arrebatar,  sería nuestra hija le dije, después de eso siempre me ayudo a escarbar la tierra para encontrarle algún gusano, o era él quién llegaba en un instante poco adecuado con una lombriz retorciéndose entre sus dedos mientras “ella”, nuestra hija, me miraba desde el

rincón de mi escritorio donde la tenía escondida en una cajita, siiii, ese es “el Renan”, bueno hoy estaba de cumpleaños y quería hacerle un regalo, él es una persona sola, y ¡debía tener un regalo!. No me costo elegirlo, sería una camisa, algo práctico y vi una de un color que me encantó, alegre pero sobrio, se vería perfecta en él. Al momento de ir a pagar a la caja tuve que esperar ya que había un hombre de unos sesenta años pagando su cuenta, me llamó la atención porque se veía muy humilde, su ropa barata, su tez oscura, el pelo cano, de pronto me caí en sus manos, estas eran gruesas, cansadas, las uñas gastadas de trabajo, y las arrugas que las cubrían tenían pegado el sacrificio, contaba sus billetitos con tanto ahínco, con tanto cuidado, no debían ir más de lo que su cuenta indicaba, ni menos, la gente humilde, esa que es trabajadora y sacrificada es generalmente muy honrada , tanto que a veces quisiera que esa características abrigara un poco más a la clase pudiente. 

Cuando terminó de pagar el cajero le dio su boleta y él se dio media vuelta y dando las gracias se fue, en ese momento vi que se le quedaban sus documentos, los tomé y lo llamé para entregárselos, cuando me acerque bien a él pude ahí ver sus ojos, ¡eran tan limpios!, tan viejos, tan pobres, tan orgullosos. Agarró sus documentos y sus manos asperas tocaron las mias, – Gracias señorita – se fue regalándome una sonrisa que ilumino mi día, bueno, y los ojos del Renan cuando le dije que le tenía un regalo.

Anuncios

3 comentarios to “Una Mirada”

  1. Enternecedor y hermoso texto, Patricia.

    Un abrazo.

  2. Creo que a veces la mirada de una persona te puede reflejar,te puede hacer sentir algo que de ninguna otra forma física lo puedes apreciar. Hay personas que tienen el aura en los ojos, en la mirada, esa mirada enternecedora, que te habla, esa que te dice lo que ha sufrido, las vivencias, las carencias, el amor perdido….A veces los ojos como dice el dicho “Son el espejos del alma”. Me ha gustado mucho. Un beso Patricia. Marola77

  3. Comparto lo que dice Marola sobre los ojos.

    Tal vez ese hombre no tenía dinero, seguramente tenía la dignidad que es mucho mas importante.
    Cariños
    Marcial

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: