Orígenes III

III

La poesía, se rompe titilante en mi pupila,
y queda mi alma desmembrada
ante el tibio sonsonete de su canto.
Y nace de la nada una luz tan inefable,
que quema mi cuerpo de cisne moribundo,
tornándome en rojo cardenal,
de un jardín abandonado.

Y una luz que ciega mi ceguera ¡se abre ante mí!
toda ella insondable y misteriosa, ¡toda pura!,
Toda, amor, toda tuya, toda, toda infatigable,
Toda de designios, toda más allá del tiempo…

Y me lleno de un deslumbre tal,
que me inmolo en los cálices de Dios.
Y es tu cuerpo, el templo de mis manos,
Y es tu piel, avena de mi boca .
Y soy en ti, ayy amor, soy enteramente
en el tacto de tus dedos blancos,
en tu alma, que es el eco de mi alma

.

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