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octubre 8, 2008

Poesía errante de Liz Duran

Escribir poesía no es fácil, como no lo es escribir un cuento o una novela. El problema de escribir poesía radica en que algunos seres humanos tienen la vaga idea de que escribir sentimientos es hacer poesía. La poesía es más que eso, yo lo estoy recién comprendiendo. Escribir poesía, es traspasar una imagen, un estado, doloroso, de armonía, de exaltación, de belleza o cualquier sentimiento que se agarre a nuestra piel y sangre y nos arrastre con delicada pericia hacia un papel que espera impaciente ser acariciado por la palabra exacta, por la metáfora viva.

 Ahora bien, cuando logramos llevar a término ese quehacer, viene la pregunta, que hacemos con ese poema; guardarlo en un cajón?, tratar de hacer un libro con él?, hay tantos buenos poetas que no son reconocidos ni por editoriales ni certámenes literarios que se pierden en el camino. Los lectores se lo pierden, en resumen, el mundo se lo perdió.

En México, un país al que amo profundamente por  razones que ahora no viene el caso explicar, existe una mujer, Liz Duran, artista, poeta, promotora cultural. Ella lleva realizando una iniciativa admirable, se trata de “La poesía Errante”. Se trata de exponer mediante lienzos o papeles grandes la obra de diversos poetas en lugares públicos, como plazas, barrios bohemios, etc. Ahora, lo notable es que esta  iniciativa se va moviendo de país en país y de esta forma, abriéndose nuevos horizontes.  Tal vez algún día Chile este preparado para hacer este tipo de difusión cultural, tal vez no nos sorprendamos de ver en cualquier calle o plaza de nuestro barrio tendederos de arte, tendederos de poesía, mal que mal, si hemos sido capaces de parir dos premios noveles, tal vez, tal vez podamos abrir un poco más nuestra mente y ser participes de iniciativas como esta.

Comparto con Uds. algunas de las fotos que me robé del blog de Liz.

  

 

octubre 8, 2008

Jose luis Borges

Juan, I, 14

No será menos un enigma esta hoja
que la de Mis libros sagrados
ni aquellas otras que repiten
las bocas ignorantes,
creyéndolas de un hombre, no espejos
oscuros del Espíritu.
Yo que soy el Es, el Fue y el Será,
vuelvo a condescender al lenguaje,
que es tiempo sucesivo y emblema.
Quien juega con un niño juega con algo
cercano y misterioso;
yo quise jugar con Mis hijos.
Estuve entre ellos con asombro y ternura.
Por obra de una magia
nací curiosamente de un vientre.
Viví hechizado, encarcelado en un cuerpo
y en la humildad de un alma.
Conocí la memoria,
esa moneda que no es nunca la misma.
Conocí la esperanza y el temor,
esos dos rostros del incierto futuro.
Conocí la vigilia, el sueño, los sueños,
la ignorancia, la carne,
los torpes laberintos de la razón,
la amistad de los hombres,
la misteriosa devoción de los perros.
Fui amado, comprendido, alabado y pendí de una cruz.
Bebí la copa hasta las heces.
Vi por Mis ojos lo que nunca había visto:
la noche y sus estrellas.
Conocí lo pulido, lo arenoso, lo desparejo, lo áspero,
el sabor de la miel y de la manzana,
el agua en la garganta de la sed,
el peso de un metal en la palma,
la voz humana, el rumor de unos pasos sobre la hierba,
el olor de la lluvia en Galilea,
el alto grito de los pájaros.
Conocí también la amargura.
He encomendado esta escritura a un hombre cualquiera;
no será nunca lo que quiero decir,
no dejará de ser su reflejo.
Desde Mi eternidad caen estos signos.
Que otro, no el que es ahora su amanuense, escriba el poema.
Mañana seré un tigre entre los tigres
y predicaré Mi ley a su selva,
o un gran árbol en Asia.
A veces pienso con nostalgia
en el olor de esa carpintería.