Hugo Chavez

Una carta simpática, con planteamientos veraces, interesante de compartir. Cualquiera que se crea imprescindible o un pequeño Dios merece mi rechazo, la libertad del ser humano es lo único con lo que debiera contar incondicionalmente para hacer su camino.

Autor del siguiente artículo: Gustavo Coronel.

Señor Hugo Chávez Frías:

( Presidente de Venezuela ):

La locura es siempre trágica pero generalmente restringida al entorno
íntimo. Son muchas las familias venezolanas que tienen, o han tenido,
un loco en su casa. Los vecinos lo saben, pero misericordiosamente
actúan como si el loco no existiera. Hay tragedias mayores, como
cuando un loco previamente contenido a nivel familiar sale a la calle
armado de un rifle y termina con la vida de 20 o 30 inocentes
ciudadanos.

La tragedia que nos relaciona a los venezolanos con usted es de una
dimensión infinitamente superior. Se trata de que usted no es un loco
de familia, ni siquiera un loco de alcance restringido, como ese que
sale de repente disparando a diestra y siniestra contra los
despavoridos vecinos. No, señor. Usted ha resultado ser un loco de
alcance nacional e, inclusive, hemisférico. No es cualquier cosa,
señor, ser un loco hemisférico, si recordamos que la categoría de los
locos de nivel global apenas cuenta con un puñado de especímenes, a lo
Nerón, Hitler y José Stalin, todos de amarga recordación.
Trataré de explicarle la magnitud de nuestra tragedia, a pesar de que
es difícil que la entienda. Se trata, señor, de lo siguiente:

Usted fue elegido en 1998 como presidente de todos los venezolanos,
aunque desde el primer momento haya pretendido, en su locura, que todo
quien disienta de sus peculiares ideas es “traidor, pitiyanki,
escuálido o apátrida”, para mencionar algunos de los epítetos
humillantes que usted utiliza para referirse a los millones de
venezolanos que no piensan como usted. Usted decidió gobernar solo
para quienes, en su peculiar definición, han sido las víctimas de los
“blancos, ricos, oligarcas y frijolitos”. De allí que nuestra
sociedad, que no era racista, que no era acomplejada, que no era
resentida, ha sido convertida por usted en un campo de batalla entre
los “buenos, revolucionarios” y “los malos, oligarcas”. Solo un
ignorante loco como usted puede pensar que se puede gobernar
exitosamente un país partiéndolo en dos rolos, convirtiéndo a una
mitad en enemiga de la otra mitad. La siembra de odios es un crimen
propio de monstruos morales o desequilibrados mentales y debería
haberlo descalificado hace tiempo para ejercer la presidencia, si
tuviésemos contrapesos institucionales, pero no los tenemos.
Su segundo crimen es el de haber promovido la adoctrinación política
de los niños venezolanos. No puede estar en sus cabales quien promueva
la aparición en televisión de niños venezolanos recitando poemas
adulatorios para el Ché Guevara, Fidel Castro o su muy modesta
persona. Una persona normal posee un nivel de decoro y de pudor que
rechaza instintivamente este grosero tipo de culto. Esos niños,
robotizados, no saben de quien están hablando ni se dan cuenta de
estar siendo utilizados. No se siente usted, acaso, como el más
detestable de los reptiles al promover ese proceso de destrucción
espiritual entre nuestros niños? Usted le está robando a nuestros
niños su derecho sagrado a ser niños, el derecho que tienen de una
niñez libre de las miserias de la adulación y del sectarismo.
El tercer crimen que usted ha cometido en su locura tiene que ver con
los pródigos regalos que ha hecho de nuestro patrimonio a sus
compinches ideológicos, a sus amigos de circunstancia, aquellos a
quienes usted ha deseado impresionar con el poder petrolero, un poder
que no es suyo sino de la nación. Usted ha dado no menos de treinta
mil millones de dólares a esos amigos, dineros que jamás veremos de
nuevo. Sus mismos seguidores hubieran apreciado su uso para mejorar
sus posibilidades de salir de la ignorancia..
Su cuarto crimen ha sido la política de limosnas representada por las
llamadas misiones. El concepto de las misiones no era malo, señor,
pero no podía constituir la única política social en un país que desea
salir adelante.
Cuando todo lo que ofrece es la limosna, lo que usted logra es
profundizar la dependencia del pobre en el estado paternalista, en el
“taita” que le da al hijo lo que necesita, siempre y cuando el hijo
haga lo que el “taita” le ordene.
Como decían los chinos: no reparta peces todos los días, enseñe a
pescar. Usted no tiene la menor idea de como empoderar a los pobres.
Hoy en día hay más desigualdad social que cuando usted llegó al poder,
como lo ha documentado el economista venezolano Francisco Rodríguez en
serios trabajos de investigación que desmontan las mentiras oficiales.
Usted esconde sus fracasos detrás de un velo espeso de mentiras.

Su quinto crimen ha sido prostituir las instituciones básicas del
país: los poderes legislativo, judicial, electoral y el poder moral.
Ha sobornado usted a sus funcionarios con el dinero petrolero para
ponerlos a su servicio, destruyendo el sistema de contrapesos
institucionales sin los cuáles una democracia no puede ser legítima,
no importa cuantas elecciones lleve a cabo. Sin el substrato
institucional ya no hay donde acudir, ha desaparecido la base esencial
de confianza sin la cuál las transacciones sociales civilizadas se
hacen imposibles. Usted ha sumergido al país en un pantano de
incertidumbres, abusos y recelos en donde todos nos estamos
envenenando por iguál, usted y nosotros. Esa no era su misión, esa no
era su responsabilidad fundamental como presidente de todos los
venezolanos.

Su sexto crimen ha sido pensar, en su desequilibio, que usted es
indispensable para la vida de nuestro país.Que pachotada es esa, de
que usted ya no es Chávez sino “el pueblo”? Su verdadero empeño es ser
Fidel y por ello ha tratado de convertirnos en una nueva Cuba.
Fracasó. Ha tratado de convertirse en un líder continental para guiar
a los pueblos “morenos” de América en contra del imperio malvado, los
Estados Unidos. En esto también ha fracasado, puesto que el imperio
malvado ahora tiene un líder que es más representativo que usted de
los pueblos “morenos” y quien, además, habla el lenguaje de la
conciliación y no el lenguaje del odio. En su locura usted no ha
podido comprender que no hay nadie indispensable, que no es cierto lo
que usted dice en sus cursilísimas arengas: “Solo Chávez puede
gobernar este país”, o, “Vénganse conmigo quienes quieran la felisidad
(sic)”. Su ortografía es solo comparable al estado ruinoso de nuestra
nación.

Su séptimo crimen ha sido tratar, una y otra vez, de convertirse en
presidente o dictador vitalicio en nuestro país. Sepa que Einstein
definía la locura como la “incesante repetición del mismo proceso
esperando obtener resultados diferentes”. El resultado de su
pretensión siempre será el mismo, señor. Usted ha llegado a pensar que
postularse a la presidencia vitalicia, una y otra vez, no tiene costo
alguno para usted. No se da cuenta del inmenso precio mterial y
epiritual que paga nuestra nación por su locura?

Usted perdió el primer referendum y, si nos impone el segundo, usted
se va. Usted tendrá que irse adonde acepten locos. Si no se va, lo
vamos, porque no hay pueblo que pueda ser tan manso, tan paciente,
como para soportar la humillación crónica.

Solo a un loco como usted se le puede ocurrir que una modificación
estructural del contrato social entre los venezolanos solo requiere un
pequeño cambio de tres o cuatro palabras en la constitución y su
aprobación por una mayoría simple. Esa modificación no podría ser
legítima sin el concurso de una abrumadora mayoría de los venezolanos.
Esa abrumadora mayoría, señor, no está con usted.
Dénos una navidad feliz: renuncie.
Autor: unvenezolanomas

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