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abril 3, 2009

Leopoldo Lugones

Cuento de Leopoldo Lugones, Un fenomeno Inexplicable

Hace de esto once años. Viajaba por la región agrícola que se dividen las provincias de Córdoba y de Santa Fe, provisto de las recomendaciones indispen-sables para escapar a las horribles posadas de aquellas colonias en formación. Mi estómago, derrotado por los invariables salpicones con hinojo y las fatales nueces del postre, exigía fundamentales refacciones. Mi última peregrinación debía efectuarse bajo los peores auspicios. Nadie sabía indicarme un albergue en la población hacia donde iba a dirigirme. Sin embargo, las circunstancias apremia-ban, cuando el juez de paz que me profesaba cierta simpatía. vino en mi auxilio.-Conozco allá, me dijo, un señor inglés viudo y solo. Posee una casa, lo mejor de la colonia, y varios terrenos de no escaso valor. Algunos servicios que mi cargo me puso en situación de prestarle, serán buen pretexto para la recomendación que usted desea, y que si es eficaz le proporcionará excelente hospedaje. Digo si es eficaz, pues mi hombre, no obstante sus buenas cualida-des, suele tener su luna en ciertas ocasiones, siendo, además, extraordinariamen-te reservado. Nadie ha podido penetrar en su casa más allá del dormitorio donde instala a sus huéspedes, muy escasos por otra parte. Todo esto quiere decir que va usted en condiciones nada ventajosas, pero es cuanto puedo suministrarle. El éxito es puramente casual. Con todo, si usted quiere una carta de recomenda-ción. . .

Acepté y emprendí acto continuo mi viaje, llegando al punto de destino horas después.

Nada tenía de atrayente el lugar. La estación con su techo de tejas coloradas; su andén crujiente de carbonilla; su semáforo a la derecha, su pozo a la izquierda. En la doble vía del frente, media docena de vagones que aguardaban la cosecha. Más allá el galpón, bloqueado por bolsas de trigo. A raíz del terraplén, la pampa con su color amarillento como un pañuelo de yerbas; casitas sin revoque diseminadas a lo lejos, cada una con su parva al costado; sobre el horizonte el festón de humo del tren en marcha, y un silencio de pacífica enormidad entonando el color rural del paisaje.

Aquello era vulgarmente simétrico como todas las fundaciones recientes. Notábase rayas de mensura en esa fisonomía de pradera otoñal. Algunos colonos llegaban a la estafeta en busca de cartas. Pregunté a uno por la casa consabida, obteniendo inmediatamente las señas. Noté en el modo de referirse a mi huésped, que se lo tenía por hombre considerable.

No vivía lejos de la estación. Unas diez cuadras más allá, hacia el oeste, al extremo de un camino polvoroso que con la tarde tomaba coloraciones lilas, distinguí la casa con su parapeto y su cornisa, de cierta gallardía exótica entre las viviendas circundantes; su jardín al frente; el patio interior rodeado por una pared tras la cual sobresalían ramas de duraznero. El conjunto era agradable y fresco; pero todo parecía deshabitado.

En el silencio de la tarde, allá sobre la campiña desierta, aquella casita, no obstante su aspecto de chalet industrioso, tenía una especie de triste dulzura, algo de sepulcro nuevo en el emplazamiento de un antiguo cementerio.

Cuando llegué a la verja, noté que en el jardín había rosas, rosas de otoño, cuyo perfume aliviaba como una caridad la fatigosa exhalación de las trillas. Entre las plantas que casi podía tocar con la mano, crecía libremente la hierba; y una

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abril 3, 2009

D.H. LAWRENCE

D. H. Lawrence (David Herbert Lawrence )
(Gran Bretaña, 1885-1930)

Novelista y poeta inglés, una de las figuras literarias más influyentes y controvertidas del siglo XX. En sus más de cuarenta libros ensalzó su visión de un ser humano completo y natural, opuesto a la artificialidad de la moderna sociedad industrial por su deshumanización de la vida y del amor. Sin embargo, sus novelas fueron malentendidas y atacadas, e incluso prohibidas, por su abierto tratamiento de los temas sexuales. Nació en Eastwood (Nottinghamshire), el 11 de septiembre de 1885, hijo de un minero de carbón y una maestra de escuela. La disparidad en el rango social de sus padres fue un motivo recurrente en sus novelas. Se graduó en la Universidad de Nottingham en 1908 y publicó sus primeros poemas en la revista English Review en 1909. Su primera novela, El pavo real blanco, apareció en 1911 gracias a la ayuda de su amigo Ford Madox Ford. Hijos y amantes (1913), en gran parte autobiográfica, es la más significativa de sus primeras novelas y aborda la vida en un pueblo minero. En 1912 se fugó a Europa con Frieda Weekley, una aristócrata alemana (hermana del aviador alemán Freiherr Manfred von Richthofen) que estaba casada con su profesor y con la que se casó dos años después, cuando ella consiguió el divorcio. Su intensa, tormentosa y nómada vida en común le proporcionó material para muchas de sus novelas. El arco iris (1915) y Mujeres enamoradas (1921) -quizá las mejores- exploran con franqueza las relaciones sexuales y psicológicas entre hombres y mujeres. El arcoiris fue prohibida oficialmente por obscenidad. En este periodo también escribió dos libros de poesía, Poemas

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