Las innobles doncellas de otros reinos – Marco Aurelio Rodriguez

LAS INNOBLES DONCELLAS DE OTROS REINOS

Las doncellas Cierto que los países orientales tienen su propia dinámica. Por eso no entendemos el evidente (para nosotros) avasallamiento de algunas prácticas, como, por ejemplo, la de indignidad en materia genérica. Sabemos que la geisha, en Japón, rinde su voluntad al varón, lo que muchas veces es malentendido por nosotros. El Pabellón de las Bellas Durmientes, de Yasunari Kawabata, no podría haber nacido en otra parte más que dentro de esta cultura. Hay, en “este reino donde coinciden la muerte y el erotismo” (según consideraciones de Yukio Mishima a la obra de su protector), un servicio de unas bellas doncellas narcotizadas que acompañan, con su desnudez (pero no con su cuerpo), el sueño vano de hombres de edad fracasada.

 En la India —leí en alguna parte— unas jóvenes muchachas acompañan la siesta de algún hombre ejemplar, solamente le regalan el calor de sus cuerpos intactos; Gandhi alguna vez recibió esta asistencia.

 Michel Onfray —sensualista, materialista, hedonista—, recuerda la erótica de los trovadores y la práctica del amor cortés, y nos reconviene a propósito de la calidad de sujeto (y no de objeto) del cuerpo femenino. Las pruebas de los assays o asag comprometían el autocontrol frente al deseo: “el hombre debía tener tal dominio de sí que tenía que poder observar cómo su dama se desvestía y se acostaba desnuda junto a su cuerpo y no tocarla más que con ternura. Todo estaba permitido menos la unión sexual en su definición clásica. La relación —concluye Onfray— se espiritualizaba, sublimaba y estetizaba”. El hombre, a partir de esta lección de la erótica tardía del siglo XIII, debe aprender que la disociación entre el cuerpo y el alma (que lamentablemente pueden funcionar en forma independiente, cual puro goce animal en el hombre), “es sólo una descarga neutra de energías tristes” —reclama el filósofo francés, autor de libros como La Construcción de Uno Mismo. La moral estética o Teoría del Cuerpo Enamorado. Por una Erótica Solar—. “Ella apunta a lo sublime, mientras que él sólo lo hace a veces”.

 Cuenta una saga noruega, también del siglo XIII (la Saga Volsunga en su capítulo 27), que el héroe Sigurd debe compartir su lecho con Brynhild —pretendida por su cuñado— y para no tocarla coloca la espada, de nombre Gram, entre ambos. Años después Brynhild hace matar a Sigurd y se suicida para yacer en igual pira funeraria; los dos cuerpos vuelven a ser flanqueados por similar cómplice espada.

 Volviendo a nuestro autor francés: “La eterna superioridad de las mujeres sobre los hombres, su infinita grandeza, consiste en esta asociación casi permanente entre lo cerebral, lo mental, lo espiritual y lo carnal”. El hombre (así es la pobreza del amor) no sabe más que apenas acariciarla para que el sueño de la felicidad no se esfume (así es la nobleza del amor). “Yo era un niño y ella era una niña, /en aquel reino junto al mar: /Pero nos amábamos con un amor que era más que amor”, confiesa el desamparado Edgar Allan Poe. Melibea es mi Dios dirá Calisto de su amada.

 Las fantasías ocultas o radiantes sobre lo femenino —el cuerpo de las bellas durmientes de Kawabata o de Perrault— perturban caserones o bosques y, sobre todo, el corazón narcotizado de los hombres inundados de la felicidad que es precaria.

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One Comment to “Las innobles doncellas de otros reinos – Marco Aurelio Rodriguez”

  1. Muy bueno, estoy en una búsqueda similar a la que haces referencia en tu comentario.

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