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abril 17, 2009

La casa inundada de Felisberto Hernandez

Comentario: La casa inundada de Felisberto

Una mujer contrata a un hombre para que escriba su historia.
Esa es la idea central de este cuento, la historia externa. Curiosamente cuando nos adentramos en su lectura de una forma menos visceral e intelectual y tomamos la simpleza de lo abstracto dejando de lado la materialidad de un intelecto que encarcela la conciencia, nos encontramos con una obra sorprendente, cargada de una mística exquisita.
Un cuento donde el escritor nos muestra como conclusión el fracaso.
Margarita debe finalmente quedarse sin relatar su historia ya que el escritor contratado, no logra sumergirse en el mundo emocional que conforma el universo de la protagonista. Un mundo que ofrece una infinidad de mensajes con los cuales Margarita, trata de guiar al escritor durante toda la narración para que éste la descubra en su esencialidad, esto lo haría merecedor de su historia. No lo logra.

Una obra compleja y bien escrita a pesar de no ser un cuento con una estructura lógica, que requiere ser leída con dedicación para captar su esencialidad en una primera lectura. Una de las obras sobresaliente de nuestros autores latinoamericanos.

” De esos días siempre recuerdo las vueltas en un bote alrededor de una pequeña isla de plantas. Cada poco tiempo las cambiaban; pero allí las plantas no se llevaban bien. Yo remaba colocado detrás del cuerpo inmenso de la señora Margarita. Si ella miraba la isla un rato largo, era posible que me dijera algo; pero no lo que me había prometido; sólo hablaba de las plantas y parecía que quisiera esconder entre ellas otros pensamientos. Yo me cansaba de tener esperanzas y levantaba los remos como si fueran manos aburridas de contar siempre las mismas gotas. Pero ya sabía que, en otras vueltas del bote, volvería a descubrir, una vez más, que ese cansancio era una pequeña mentira confundida entre un poco de felicidad. Entonces me resignaba a esperar las palabras que me vendrían de aquel mundo, casi mudo, de espaldas a mí y deslizándose con el esfuerzo de mis manos doloridas.
Una tarde, poco antes del anochecer, tuve la sospecha de que el marido de la señora Margarita estaría enterrado en la

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